Contar calorías para perder peso ¡no es una buena idea!

Algunas estadísticas apuntan que al 50% de la población le gustaría perder peso y estaría dispuesta a hacer una dieta, pero se está comprobando que el 80% de la gente que comienza una dieta la acaba abandonando. Además, del 20% que hace dieta y consigue perder peso, lo  recupera antes de un año.

Las causas pueden ser muchas: falta de motivación, falta de conciencia sobre la salud, falta de apoyo emocional durante el proceso o mala orientación. La dieta clásica de reducir -simplemente- calorías no funciona,  y es que comer menos y hacer más ejercicio, en la mayoría de los casos, no resuelve el problema de sobrepeso y/o mala alimentación, a corto plazo puede parecer que funcione, pero a la larga, no.

Comer también es una cuestión holística

Y ¿por qué no funciona? Pues porque nuestro metabolismo es complejo y responde, no sólo a lo que comemos, sino a cómo comemos, a nuestro estado emocional, a nuestras creencias, nuestros patrones familiares (donde hemos aprendido a comer) y un largo etc. Comer también es una cuestión holística, donde tenemos que tener en cuenta tanto el cuerpo físico, como el energético, el emocional y el mental.

El metabolismo se encarga de convertir los alimentos que ingerimos en nutrientes y calorías, concretamente en forma de ATP, que es la energía que necesitan nuestras células. Las dietas que cuentan calorías, relacionan la ingesta de éstas con el sobrepeso, basándose en el hecho de que la energía que consumimos y que no gastamos se almacena en forma de grasa corporal. Por lo tanto, a más calorías ingeridas y menos consumo calórico, más probabilidad existe de sufrir sobrepeso. Pero en la práctica las cosas no son tan simples, hay gente que come lo que quiere y no aumenta de peso y otros que parece que todo lo que comen los engorda.

Contar calorías provoca casi siempre un efecto rebote

Las personas que han realizado dietas hipocalóricas saben que de entrada quizás pierden algunos kilos en una primera fase, pero cuando vuelven a su rutina los recuperan de nuevo. Además, si la dieta ha sido muy restrictiva, seguramente el efecto rebote ha sido mucho mayor. El efecto rebote causa un desequilibrio metabólico y físico y, en la mayoría de los casos un trastorno emocional, como ansiedad o problemas de autoestima.

El efecto rebote se produce porque el cuerpo tiene una gran capacidad de adaptación a las calorías que consumimos, por lo que, si le damos pocas calorías el metabolismo basal se ralentiza y consume menos. Entonces es cuando nos damos cuenta de que la dieta ya no funciona, tiramos la toalla, volvemos a los hábitos habituales y, como tenemos el metabolismo ralentizado, termina acumulando más calorías y recuperamos el peso más rápidamente, causando una gran frustración.

Además, las dietas muy bajas en calorías -aunque incluyan alimentos de calidad- si se mantienen a largo plazo, o se repiten de forma intermitente, pueden provocar anemias, problemas digestivos, alteraciones hormonales e inmunológicas, debido a la falta de carbohidratos, vitaminas y minerales.

Contar calorías resta energía y causa malestar

Este tipo de dietas hipocalóricas suponen una gran pérdida de energía vital que nos obligan a comer de una forma antinatural complicada, siguiendo menús y calendarios que no tienen nada que ver con nosotros y con lo que nuestro cuerpo necesita y nos desconectan de nuestro instinto natural. Por este motivo, cuando queremos perder peso, hay que analizar las causas que nos han llevado a ganar esos kilos de más, hay que saber si disfrutamos de salud digestiva y/u hormonal, hay que evaluar nuestro estado emocional y entender porque comemos lo que comemos.

Comer mal, de forma compulsiva o escoger siempre determinados alimentos poco saludables, no es simplemente una falta de voluntad o guía -como mucha gente piensa- es un problema más amplio y complejo que tiene más que ver con las emociones que con los alimentos y el ejercicio.

Cambiar de hábitos, creencias y adquirir una nueva manera de alimentarse para sentirse ligero y saludable requiere un acompañamiento y un apoyo muy respetuoso, y hay que tener una mirada integrativa, ya que también pueden influir problemas hormonales, digestivos, nerviosos o emocionales entre otros.

Dice la Naturópata Elena Cibrian que escoger alimentos sanos no es un acto de control, voluntad o castigo, es un acto de respeto y amor a uno mismo. Las dietas que nos obligan a contar calorías son restrictivas, controladoras, van en contra del instinto natural, y responden a una actitud infantil en la que no somos capaces de decidir por nosotros mismos. Por lo tanto, antes de lanzarte a una nueva dieta, analiza si te lleva a un estilo de vida más saludable, inteligente y sostenible.

 

Comer de forma saludable nos permite mejorar la calidad de vida

Cuando aprendemos a comer saludablemente, ganamos en calidad de vida además de adelgazar, somos capaces de entender mejor nuestro cuerpo, comprender las circunstancias de cada momento, cambiar de hábitos, mantener la motivación,  descubrir que hay detrás de nuestra forma de comer y por supuesto sin tener efecto rebote.

¿Y qué es pues una alimentación saludable? Es disfrutar de aquellos alimentos que nos aportan bienestar físico y emocional. Aquellos alimentos que nos dan toda la energía necesaria para vivir y disfrutar de la vida que queremos. Hay que elegir principalmente frutas y verduras de temporada, carbohidratos de calidad (descartar los refinados) y no excedernos en las proteínas de origen animal. Para saber cuáles son los alimentos más adecuados para nosotros, hay que escuchar el cuerpo, observar cómo nos sientan los alimentos que ingerimos y descartar aquellos que nos restan energía. Es un proceso que requiere paciencia y escucha.

Sandra Torrades Oliva

Naturópata. Licenciada en Biología

 

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